Historia de la ciudad
Historia de Teruel
Las primeras referencias a Teruel aparecen en las crónicas musulmanas del siglo X, y su nacimiento como núcleo de importancia hay que situarlo en la Reconquista, cuando el rey Alfonso II decide fundar una villa con el fin de organizar las fronteras del Reino ante la conquista de
Valencia por los almohades.
La organización de la ciudad está marcada arquitectónicamente por este pasado medieval y, de hecho, el Centro Histórico responde a pautas urbanísticas seguidas desde su fundación, por lo que la ciudad posee uno de los mejores ejemplos del urbanismo medieval aragonés. Otro de los valores más importantes de Teruel son sus representaciones mudéjares, que fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. La Catedral con su torre y artesonado, las torres del Salvador, de San Martín y de San Pedro son un magnífico ejemplo de esta manifestación artística.
En los siglos XVII y XVIII, Teruel sufrió importantes remodelaciones urbanísticas y reformas en todos los edificios religiosos, y se levantaron nuevos palacios fruto de la influencia renacentista. Durante el primer tercio del siglo XX se produce en Teruel un notable desarrollo de la arquitectura modernista. Una amplia muestra de este estilo lo podemos encontrar, sobre todo, en los edificios situados en torno a la plaza del Torico (actual plaza de Carlos Castel).
El nombre de la ciudad
Una de las leyendas más extendidas sobre el origen del nombre de la ciudad explica que, en tiempos lejanos, la ubicación de las villas se realizaba sirviéndose de un animal salvaje: se perseguía a éste y en el lugar en que se le abatía se erigía un santuario. Alrededor de este altar se construía el pueblo.
Los aldeanos que habitaban en la zona salieron en busca de un toro salvaje que recorría los alrededores. Una noche, el animal se detuvo bajo una estrella y comenzó a bramar. Los adalides tomaron como buenas las señales que el Cielo y la Tierra les presentaban, y construyeron allí la villa. Tomaron del toro tres letras, TOR, y de la estrella, llamada Actuel, otras tres, UEL. Estas seis letras juntas dieron el nombre a la villa: TORUEL.
El lugar donde el toro y la estrella se detuvieron es ahora la plaza.
La historia de los Amantes de Teruel
Los Amantes de Teruel es, sin lugar a dudas, la historia más conocida de la ciudad. La trágica relación amorosa entre Diego de Marcilla e Isabel de Segura es conocida en todo el país.
Los escritos cuentan que Diego de Marcilla, enamorado de Isabel de Segura desde niño, acudió a pedir la mano de la joven a su familia, y que, debido a la escasa fortuna del rendido galán, éste fue rechazado por el padre de la muchacha. No obstante, la familia de Segura concedió a Diego de Marcilla un plazo de cinco años para que viajase en busca de fortuna y volviese enriquecido. Durante este periodo, el padre de Isabel no cesó de presionarla para que contrajese matrimonio con el señor de Albarracín, Don Pedro de Azagra.
El día que se cumplió el plazo concedido a Diego, éste regresó rico y famoso; sin embargo, Isabel no había podido escapar por más tiempo de las presiones familiares y ese mismo día iba a casarse con Pedro de Azagra. Al poco de llegar a Teruel, el joven enamorado conoció la noticia de la boda y, desesperado, acudió al encuentro de su amada para pedirle un último beso. Isabel se lo negó porque, para su desgracia, ya pertenecía a otro hombre.
Diego de Marcilla no pudo soportar el dolor que le produjo el rechazo y se desplomó muerto en el suelo. Al día siguiente, Isabel acudió al funeral arrepentida y desolada. Se acercó al cadáver de Diego para darle el beso que le negó en vida y, en el momento en que sus labios se unieron, Isabel cayó muerta al lado de su enamorado. Según la historia, ambos murieron de amor, por eso fueron enterrados juntos, y juntos permanecen hoy sus restos.


